DEL PRESENTE AL FUTURO///El caudillismo: Un mal necesario en el país
Autor: José Núñez @josenunez00 El caudillismo que surge en los años del...
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Autor: José Núñez
@josenunez00
El caudillismo que surge en los años del
1800, es decir durante el siglo XIX en Hispanoamérica, por sus características
se califica como un fenómeno político y social, el cual consiste en la llegada
de líderes carismáticos que controlan el Estado o los partidos, cuya forma de
acceder al poder y llegar al gobierno adopta diferentes modalidades, entre
ellas las informales.
Se dice que el caudillo es una expresión de
los intereses y la capacidad para resolver los problemas comunes. Incluso fue
clave para que apareciera la figura del dictador y para las luchas entre los
partidos políticos anticuados y pasados de moda, los llamados decimonónicos.
Entre las causas de la llegada del
caudillismo a la República Dominicana podemos citar la ausencia de consenso
político, la escasez de liderazgos sólidos, la inexistencia de una clase
gobernante y las propias debilidades de las organizaciones políticas.
El fenómeno político del caudillismo se
afianza en nuestro país en el año 1861, con la figura de Pedro Santana y la
anexión España, lo que provoca luego la guerra restauradora y la segunda
independencia de la República, que abarcó desde 1863 al 1865, con la salida del
último hombre del ejército español.
La figura del caudillo, ciertamente continúa
afianzándose con la era denominada Segunda República, y ésta (el caudillismo)
tiene entre sus dos principales representantes en esta etapa al héroe de la
Restauración, General Gregorio Luperón y a Buena Ventura Báez, líderes de los
partidos políticos Azul y Rojo, colores que eran prácticamente su única
diferenciación, ya que en términos de planteamientos ideológicos no existieron
tales diferencias.
Todos estos años, desde finales del siglo
XIX hasta el XX, fueron una verdadera viacrucis
política en el territorio dominicano, caracterizada por los cambios de
gobiernos de todas las calañas; efímeros, dictatoriales, fraudulentos,
democráticos…, siendo el más recordado, el del dictador Ulises Hereaux (Lilís),
por ser el de mayor duración en esta etapa, ya que abarcó el período desde 1877
hasta el 1899, es decir, 22 años.
Toda esta era social y política descrita
anteriormente en el país, toma un nuevo rumbo con la invasión de Estados Unidos
del año 1916 al 1924.
Por todo lo dicho, decimos, el caudillismo
en nuestra nación ha sido a través del devenir histórico, un mal necesario en
los partidos, el cual nos persigue aún hasta nuestros días, ya que cuando el
caudillo ha salido del escenario político sin importar las causas, en el corto,
mediano o largo plazo los acontecimientos que se desarrollan en estas
organizaciones así lo delatan.
En este contexto, observamos lo que sucedió
con el “Partido Dominicano” cuando fue ajusticiado su líder y caudillo Rafael
Leónidas Trujillo, el 30 de mayo del año 1961, un tirano de marca mayor, su
desaparición física también se llevó su organización política.
Siguiendo en el orden del párrafo anterior,
continuamos ilustrando estos planteamientos con la situación que se vivió y se
vive en el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) después de la muerte del
doctor Joaquín Balaguer el 14 de julio del año 2002, el cual ha ido de mal en
peor, caracterizada por conflictos internos, renuncias, expulsiones,
transfuguismos y divisiones, hasta convertirse en un partido de un digito en el
recuadro electoral, con tendencia a seguir reduciéndose y quedar disminuido a
una ínfima expresión.
Esa es la realidad monda y lironda en el
PRSC después de la era política del doctor Balaguer.
Veamos ahora la situación del Partido
Revolucionario Dominicano (PRD) post Peña Gómez, donde no ha habido un solo instante de
tranquilidad y los conflictos internos son su modo operandi, inclusive parece
en ocasiones que estas rebatiñas les dan energía a sus dirigentes, ignorando
que esto provoca una desarticulación lenta pero segura.
Con la desaparición física de este fogoso e
intelectual líder político dominicano, el 10 de mayo de 1998, José Francisco
Peña Gómez, en el PRD parece que entró una desgracia, lo cual queda evidenciado
en lo que fue “el buey que más halaba” en la era de este carismático dirigente y
en lo que es hoy esa organización, por supuesto apalancada con sus acostumbradas
divisiones, fuentes por excelencias junto a los conflictos y pleitos internos del
debilitamiento en los partidos.
En el caso del Partido de la Liberación
Dominicana (PLD), cuyo ideólogo, líder y guía, fallece el 1.º de noviembre del 2001, el
profesor Juan Bosch, en honor a la verdad, sus discípulos han sabido sortear la
situación, aunque en el camino han convertido una estructura política cualificada
en una maquinaria electoral; borraron del mapa peledeísta la formación y
educación de sus cuadros, los locales en las ciudades y comunidades prácticamente
son cosas del pasado, muchos dicen que “el estar en el poder es la única razón
que los mantiene unido”.
Los dirigentes de la cúpula morada
también parece que olvidaron el
siguiente planteamiento del Profesor Juan Bosch: “El PLD tiene que ser un
Partido de militantes, y lo primero que se requiere para ser militante de un
partido es aceptar su posición ideológica sin titubeo”, y en una estructura
masificada y sin educación política,
esto es un imposible.
Pero por lo que se vislumbra y con una disciplina
resquebrajada, la lucha por el liderazgo, corrientes externas que quieren más
servirles a sus dos líderes principales (Danilo o Leonel) que comprometerse con
el PLD, y los azuzamientos de algunos por protegerse, intentando poner los dos hombres
fuertes a chocar, todo apunta a que su división significativa ha tardado un buen
tiempo, pero que el azar del caudillo cuando desaparece físicamente de los
partidos y del país no los dejará exentos.
La aparición del caudillismo moderno en el
país a partir del 1930, y su desaparición en el 2002, representada básicamente
en Rafael Leónidas Trujillo, Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña
Gómez, nos lleva a decir que, después de sus muertes, donde éstos ejercieron
sus liderazgos, entra el mal; el debilitamiento de la organización política y
hasta su desaparición.
En conclusión, nuestros caudillos, sin
importar las etapas parecen un mal necesario o que entre el caos.
21 de agosto, 2017.-
